El Mundo Peralta

octubre 7, 2008

El Regalo

Filed under: 04 Cuentos — FlavioPeralta @ 12:24 am
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Se lo encontró regresando del trabajo. El regalo llamaba tanto la atención que hubiera sido imposible no notarlo. Era mediano, hecho de un cartón resistente y envuelto en un papel de regalo de un vivo color azul. En la parte superior tenía un elaborado moño verde. Alguien se había esmerado mucho para hacer un regalo como ese. Se podía notar a simple vista.

Pero no tenía notas, ni indicaciones, ni una de esas tarjetas de “de: para:” que se usan en los cumpleaños o Navidad. Tampoco había a la vista ningún mensajero o cartero que pudiese dar respuestas. El regalo simplemente estaba ahí en el suelo, reposando inocentemente en la entrada de su casa.

¿Quién lo habría enviado? ¿Para quién sería? Lo recogió con extrañeza porque no esperaba ningún regalo. ¿Será para mí? Decidió ir a la casa del costado a averiguar. Después de un protocolar saludo, le preguntó a su vecina si de casualidad esperaba algún paquete en estos días. La vecina le contestó que no. Hizo lo mismo con el vecino del otro lado, pero recibió la misma respuesta negativa. Entró a su casa y dejó el regalo en la mesita de la sala. Qué raro.

Había llegado con hambre, así que se hizo algo de comer. Pelaba las papas. Era un regalo muy bien hecho. Picaba las cebollas. Si se habían equivocado de dirección, seguramente vendrían pronto a recogerlo. Prendía una hornilla. En algún lugar alguien estaría esperando ese regalo tan especial y no lo iba a recibir. Echaba aceite en la sartén. Pero aún no se aparecía nadie preguntando por el regalo. Batía un huevo. Por que quién pasaría por tanto para darme un regalo tan elaborado, cuando faltan meses para mi cumpleaños. Prendía otra hornilla. O alguna otra fecha especial. Ponía una olla. ¿Qué cosa será? Dejó todo cocinándose. ¿Qué cosa será?

Se la pasó mirando el regalo mientras comía. Entre mordida y mordida se le iban los ojos de improviso y lo observaba. Estaba ahí, tan quietecito y tan hermoso, tan indefenso y tan provocador. Finalmente no pudo más y dejó los cubiertos en el plato para ir a la sala. Ahí, miró el regalo con más detenimiento.

El moño era un modelo bastante complicado, un armonioso alboroto de vueltas y cortes. El papel de regalo no mostraba ningún doblez y estaba perfectamente pegado a la caja sin la más mínima bolsa de aire. Los bordes no tenían signos del corte del papel, desgaste o cinta scotch. Era un regalo perfecto. Era el mejor regalo que había visto en su vida, y ni siquiera había visto qué había en su interior.

Notó que se abría con una tapa superior, como una caja de zapatos. Notó que la tapa no estaba asegurada. Tal vez podría… Acercó la mano, y luego de un segundo la alejó. Pero no es mío… aunque de repente sí. Cogió la tapa. Y en todo caso, nadie se enterará. Comenzó a alzarla. Sólo un pequeño vistazo. Abrió el regalo.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Se llevó las manos a su boca abierta. Hace unos segundos, pensaba que la caja era demasiado trabajo para cualquier regalo. Ahora, esa misma caja parecía era muy poco para un regalo como el que contenía. Es… es demasiado. No podía concebir que alguien regale algo así. No podía concebir que alguien merezca tanto. Es… es increíble. Y lo habían dejado a la interperie, sin ninguna nota ni nada. Y había llegado justo a su casa. Es… es inconcebible. Sus manos y piernas comenzaron a temblar. Es… es imposible.

Volvió a cerrar el regalo y lo colocó esta vez sobre un estante de la sala, mas escondido. Se alejó sin dejar de mirar el regalo, el cual parecía vigilar desde su nueva ubicación. ¿Cómo llegó a parar algo así en mis manos? Antes de dormir, fue por un poco de agua. Debe ser un malentendido. Respiró hondo varias veces y cuando se calmó fue a la cama. Sí, un malentendido. Mañana vendrán a recogerlo y listo.

Pero llegó la mañana y nadie se acercó, ni el día siguiente, ni el que le siguió a ese. El regalo había permanecido todo ese tiempo en el mismo lugar en lo alto del estante. Lo sabía muy bien porque hubiera podido jurar que cada vez que salía o llegaba el vigilante regalo le clavaba una mirada desde su atalaya. Como si hubiese otra presencia observando. Así se había pasado casi una semana desde que encontró el regalo en su puerta.

¿Será para mí, entonces? Vaya. ¿Quién me habrá mandado semejante regalo? Cogió el teléfono. Marcaba y preguntaba, emocionándose. Escuchaba que no le habían regalado nada, colgaba y hacía una nueva llamada, intrigándose. Amigos, parientes, amigos de parientes y parientes de amigos. Preocupándose. Uno por uno, de la “A” a la “Z”, los había llamado a todos y al parecer nadie le había mandado el regalo. Asustándose. No tenía sentido. No entendía. Era un regalo demasiado valioso para aparecerse así nomás. Lo volvió a mirar. ¡¿Para quién eres?! Pero el regalo no respondía y sólo miraba divertido, guardando su secreto.

A la mañana siguiente no fue al trabajo. Iba a averiguar de una buena vez por todas quien debía recibir ese regalo y tenía una idea de cómo hacerlo. Se le había ocurrido que quizás leyeron mal la dirección y por eso lo dejaron en su casa. Entonces, agarró su dirección y la escribió en un papel una y otra y otra vez, cada vez más rápido y con menos cuidado. Se detuvo cuando ya lo había hecho 50 veces.

Miró cada una de las direcciones y buscó las letras y números que se deformaban en otros al escribirse rápido. Encontró que los cincos parecían eses; los unos, sietes; las éses, eles, y éstas tes; mientras que las emes, enes y viceversa. Con estos cambios sobre su dirección apuntó todas las combinaciones posibles de nuevas direcciones, que hicieron un total de 67.

Con la lista en mano, agarró las páginas blancas y cotejó la existencia de cada una de las calles (y las cuadras) producto de su pequeño artilugio, reduciendo así la misma a 8 direcciones. Las copió en una hoja nueva y por fin respiró con más calma. El regalo tenía que ser para una de esas casas. Con la nueva lista, cruzó la sala mirando desafiante al regalo y se fue. No iba a llevarlo porque era demasiado valioso para tenerlo en la calle, pero iba a regresar con el nombre de su dueño.

Decidió comenzar con las casas que le quedaban mas cerca para terminar con el misterio cuanto antes. Llegaba a la dirección. El corazón latiéndole fuerte. Tocaba el timbre. Buenos días, ha llegado un paquete a mi casa pero no tiene ninguna indicación. Me preguntaba si estaban esperando alguno. Negaban con la cabeza y le cerraban la puerta. Tachaba la dirección de la lista. Se frustraba pero iba a la siguiente, una por una. Subiendo al micro, preguntando y volviendo a preguntar, para luego subir a otro micro. Recibiendo miradas desconfiadas, evasivas y portazos en la cara, una y otra vez, hasta que finalmente no quedó una siguiente dirección a dónde ir.

Suspiró. Comenzó a perder la cabeza por tanta frustración. No puede ser que el regalo no haya sido para ninguna de esas casas. ¡No puede ser! Pero no le quedó otra que emprender el camino de regreso. ¿Entonces para quién es ese paquete? Apoyaba la cabeza contra el vidrio del micro, mirando la ciudad pasar rauda del otro lado. Es imposible. Un regalo como ese no se puede aparecer así nomás. ¡Maldición!

Llegó a su casa arrastrando los pies del cansancio, pensando en cómo dar con el destinatario del regalo. Sólo cuando abrió la puerta comprendió que ya no tenía sentido. El regalo ya no estaba.

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3 comentarios »

  1. Por el msn me explicas. 🙂

    (Eso que lo leí 2 veces)

    jajajaja oooook

    Comentario por Pepe — octubre 7, 2008 @ 9:23 am

  2. Buena historia cachorro, antes de leer el final ya intuia como acababa xD, no me equivoque….

    …anda explicasela a Pepe eso si, que tela. 😛

    ^_^

    :O así que me la adivinaste… interesante ah

    jajajaja hasta ahora sigo explicandole y nada (A) XDDD

    Comentario por Lennon — octubre 14, 2008 @ 1:50 am

  3. Holas!!
    Que puedo decir despues de leer esto? mm … simplemente hermoso! me encanto!! Hay tanto en ese cuento! Te deja un mensaje, ademas que te hace pensar.
    Cuantas personas quisieran escribir asi, saber redactar algo simple como la entrega de un regalo, pues las palabras son una maravillosa manera de expresarse.
    Pao

    hola pequeña!! 😀
    me alegro q te haya dejado algo para pensar ^^
    toy feliz xq me has dicho que escribo chevere ^^ y me hace pensar qué diras sobre lo que te estoy escribiendo entonces 😉 😀

    (besito)*(nº estrellas en el cielo) 😀

    Comentario por Paola — octubre 29, 2008 @ 2:06 am


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