El Mundo Peralta

septiembre 19, 2008

Feliz Cumpleaños

Filed under: 04 Cuentos — FlavioPeralta @ 2:40 pm
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Abre los ojos, se queda un par de segundos quieto y luego los vuelve a cerrar con fuerza tratando de contener inútilmente las lagrimas. Daría lo que sea por volver a dormirse, o por no volver a despertarse jamás. Es que sabe que hoy es el día. Sabe que si no hubiera sido tan estúpido seguirían viviendo juntos, y hoy estarían celebrando en la casa.

Se levanta de su cama y sentado mira alrededor de su cuartito con la cara de un desahuciado. Tiene una mesita de noche, un ropero y una pequeña radio: lo básico. Bosteza, prende la radio para no escuchar el silencio y se dirige a la ducha esquivando la botella vacía de ron que tomó anoche mientras no podía dormir. En el camino pasa los ojos por el calendario que cuelga de la pared. Domingo 23 de Enero de 2005. Sí pues, hoy es su cumpleaños.

A ritmo de procesión, comienza a desnudarse hasta llevar puesto sólo el anillo de bodas. Entra a la ducha. Mientras cae el agua fría sobre su cara, piensa en lo que hará. Desea tan solo poder regresar en el tiempo para no equivocarse como lo hizo, pero sabe que eso es imposible. Al menos pasaría a saludarla por su cumpleaños por más doloroso que sea. Incluso ayer le había comprado un regalo.

Se viste eligiendo una camisa que ella le compró, al igual que la colonia. Ya vestido apaga la radio, saca del cajón de la mesa de dormir una cajita envuelta en papel de regalo y se dirige a la salita. Una vez ahí prende la televisión – todo menos silencio – y luego va a la cocina buscando algo para desayunar. Encuentra lo que quedó del almuerzo de ayer y mastica un poco.

Cuando termina, apaga la televisión. Limpiaría al regreso. Revisa que todas las ventanas estén cerradas, sale, cierra la puerta con llave, baja los 4 pisos por las escaleras y luego avanza a través del patio. En el camino se cruza con quien asume es una vecina. No saluda. No le importa quién es ni dar buenas impresiones. Él no debería estar viviendo ahí.

Abre la reja de la entrada del condominio y va caminando mientras para a los taxis que pasan. Finalmente uno le dice un precio que le parece aceptable y aborda. El taxista trata de hacerle conversación pero él sólo puede dar respuestas vagas, cortantes. Trata de seguir el hilo de la charla pero sólo puede pensar en cómo reaccionará al verla nuevamente. En ese momento se da cuenta que no está llevando las flores. Maldice en voz alta – lo que llama la atención del taxista – y luego le explica que deben desviarse. Tiene que ir por las flores.

Se detienen en la entrada de una pequeña tienda. Adentro se encuentra su caserita de las flores, esa señorita a la que siempre le ha comprado el mismo ramo de azucenas. A ella siempre le ha llevado azucenas.

Entra a la tienda y recibe la sincera sonrisa de siempre de la vendedora. La saluda y le dice que un ramo de azucenas como de costumbre, por favor. La señorita le sonríe feliz y con los ojos brillosos. Él se esfuerza por darle una sonrisa igual de entusiasta mientras le dice que sí, para la misma chica de siempre. La caserita se ilusiona, suspira y le dice que cómo quisiera que me compren mis flores favoritas con tanta frecuencia, aunque hace tiempo que no vienes ah. No dice nada e intenta sonreir. Coge el ramo, paga y se despide de la cómplice de su ritual romántico tratando de verse feliz, disimulando que todo esta bien.

Una vez en el taxi, deja la actuación y vuelve a tener la mirada perdida. Luego de decirle al taxista que ahora si vayan a donde le había dicho, recuerda a su caserita de las azucenas. Jura nunca decirle que si bien las flores que acaba de comprar son para la misma chica de siempre, él la perdió por idiota. No piensa ser él quien le quite la ilusión de que existen las parejas perfectas y felices.

Se le comienzan a salir unas lágrimas, mientras el taxista – quien ya abandonó todo intento por conversar – se concentra excesivamente en el camino. Así se la pasan hasta que finalmente el taxista le dice que ya llegamos y que son 3 luquitas más por el desvío. No se hace problemas y paga lo que le piden antes de bajar.

Cruza la desgastada reja de la entrada con flores en una mano y una cajita en la otra. Avanza tembloroso, las manos le sudan, el corazón le late rápido. De pronto la ve a lo lejos con sus húmedos ojos.

Se acerca despacio, avergonzado, miedoso, como si ella estuviese durmiendo y él temiese despertarla. Cuando finalmente está frente a ella, la mira tratando de no llorar. Las preguntas que lo atormentan en todo momento se le estampan en el cerebro: ¿Por qué se puso terco? ¿Por qué no la dejó manejar a ella, que estaba sobria, como siempre que se le pasaban las copas? El regalo y las flores los deposita despacio y temblando sobre la tumba mientras con voz entrecortada le dice:

“Feliz cumpleaños, amor.”

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2 comentarios »

  1. Solo para decir que este cuento no habría sido posible sin el aporte de don skull

    Comentario por flavioperalta — octubre 18, 2008 @ 1:49 am

  2. Holas!!
    Acabo de leer este cuento; y me has dejado gratamente sorprendida! Definitivamente tienes talento para escribir. Por la manera que has descrito al personaje, asi por los sentimientos que se encuentran embargados en el. Has demostrado que no es necesario escribir un cuento tan extenso para decir que es bueno; el tuyo es excelente!

    Conforme uno va leyendo, se puede imaginar muy bien, cada una de las situaciones que describes; asi como la nota melancolica del mismo.

    Lo que mas me ha gustado es la manera que describes todo, como esta parte:
    “A ritmo de procesión, comienza a desnudarse hasta llevar puesto sólo el anillo de bodas…”

    Felicitaciones mi lobo!!

    Es sublime la manera como escribes!

    TQM

    Bye

    PAO

    pues muchas gracias pequeña ^^’ me alegra que te haya gustado… gracias por la critica tan completa… ya te estare dando tu autografo exclusivo 😉 ^^

    Comentario por Paola — octubre 29, 2008 @ 12:46 am


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